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Democracia de luto: murió Cuauhtémoc Cárdenas, el primer líder moral de la izquierda

Casi 40 años después de haber alcanzado la cumbre de su carrera política, murió Cuauhtémoc Cárdenas y todos se encargaron de exaltar su legado como constructor de la democracia. Fue en 1988 cuando contendió por primera vez por la Presidencia e hizo crujir el sistema político mexicano, pero no logró romperlo.

Hijo del último caudillo de la Revolución Mexicana, Cárdenas Solórzano trazó una trayectoria ascendente en la última parte del siglo XX, en pleno ascenso del neoliberalismo mexicano, y se volvió la bandera del nacionalismo y, en el imaginario mexicano, defensor de la industria petrolera manejada por el Estado.

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano formó parte del PRI y desde ahí se convirtió en senador y gobernador de Michoacán, pero fue la figura de la corriente democrática que en 1987 no se plegó ante la voluntad presidencial por la designación de Carlos Salinas de Gortari, considerado el continuador del neoliberalismo ya establecido en el tricolor con el control de Miguel de la Madrid desde Los Pinos.

Fue derrotado en una elección que aún estaba controlada desde la Secretaría de Gobernación por su titular, Manuel Bartlett, y la indignación social alcanzó niveles que México no había vivido a tal grado que las más grandes figuras opositoras: Manuel J. Clouthier y Rosario Piedra Ibarra acompañaron las protestas que denunciaban un fraude electoral. 

Sin embargo, el michoacano no cruzó el límite de la osadía, de la rebeldía ni del golpe que hubiera sido devastador y así permitió que el resultado oficial tomara su cauce y que Salinas de Gortari gobernara desde el 1 de diciembre de 1988 hasta el 30 de noviembre de 1994.

El rumbo político después de su contienda presidencial en 1988 
Pero el país ya había cambiado y el sistema estaba colapsando piso por piso, debido a la fuerza con la que Cárdenas había emergido con su Frente Democrático Nacional, que después se volvió partido opositor, el PRD. 

Obligó también a Salinas a negociar, pero ante su resistencia o su animadversión, las concesiones del presidente no fueron con la izquierda, sino con el PAN. Así, se sucedieron los triunfos electorales del blanquiazul, tildados por el cardenismo como fruto de concertacesiones: en 1989 el PRI reconoció su derrota en Baja California y el triunfo de Ernesto Ruffo Appel y, para 1991 en Guanajuato, el panista Carlos Medina Plascencia lograba la gubernatura.

En 1990, se creó el Instituto Federal Electoral, la credencial de elector con fotografía, se aprobó financiamiento público a los partidos y se creó un mecanismo de representación proporcional para permitir el acceso de las minorías al Congreso de la Unión.

La segunda campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas fue en 1994, pero estuvo lejos del protagonismo porque el PRI seguía luchando su propia batalla y, después de una cuestionada designación de Luis Donaldo Colosio sobre Manuel Camacho Solís que dio continuidad al lento derrumbe del gigante tricolor, la contienda tomó tintes dramáticos ante el asesinato de su candidato, la debilidad en la que dejó al presidente Carlos Salinas de Gortari y la figura del panista Diego Fernández de Cevallos, un brillante polemista que supo sacar provecho de su talento para debatir sus ideas.


Una figura de la izquierda mexicana
En 1997, Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer jefe de Gobierno de la Ciudad de México (entonces Distrito Federal), electo también por una concesión de ese sistema político que seguía crujiendo y que pretendió sobrevivir dando concesiones y compartiendo el poder, mediante elecciones cada vez más libres y con más candados para reeditar un fraude electoral como el denunciado en 1988. 

Con López Obrador como presidente del partido, el PRD también logró victorias en las gubernaturas de Zacatecas, Baja California Sur y Tlaxcala con Ricardo Monreal, Leonel Cota Montaño y Alfonso Sánchez Anaya, respectivamente. 

Pero el PRD que había construido desde los cimientos Cuauhtémoc Cárdenas se había vuelto una fuerza política importante desde la izquierda, sin concesiones con el neoliberalismo a diferencia del PAN. 

Cárdenas se volvió no solo referente, sino líder moral de ese partido y vio nacer otra figura 20 años más joven que él, sin el desgaste de haber forjado un movimiento desde el mismo autoritarismo con la Corriente Democrática del PRI: Andrés Manuel López Obrador.

Cuauhtémoc Cárdenas se mantuvo como un acérrimo crítico del gobierno de Salinas de Gortari y también de Ernesto Zedillo y, para el 2000, contendió por segunda vez por la Presidencia, pero emergió una figura opositora con mayor identificación ideológica con el neoliberalismo y Vicente Fox logró el triunfo y llegó a Los Pinos. 

El michoacano ilustró tal hazaña como quien pega con fuerza de manera reiterada a un muro infranqueable y después llega alguien que solo se recarga y logra que el muro ceda.


Cuauhtémoc Cárdenas en los 2000​​
Para entonces, tiempos de alternancia y del PRI fuera de Los Pinos, Cuauhtémoc Cárdenas ya no era la única figura política con autoridad. Sin embargo, nadie podía regatearle el reconocimiento de precursor de todo el movimiento político democrático y, sobre todo, de un nacionalismo a toda prueba, que portaba en los genes heredados del general Lázaro Cárdenas, el militar más carismático y con mayor sentido social y visión de Estado para organizar al PRI y convertirlo en la maquinaria que funcionó sin fallas durante casi 50 años hasta que su hijo buscó democratizar.

Cuauhtémoc Cárdenas continuó enfrentando al viejo sistema político que ante sus ojos se convertía en un PRI nacionalista como lo concibió el general Cárdenas, a un instituto que mantenía las formas de la disciplina partidista, pero optaba por el neoliberalismo social como política económica y a la que le faltaban algunas tareas para convertir a México en el sueño capitalista de los De la Madrid, los Salinas de Gortari y los Zedillo.

Fue entonces que en 2003 emprendió la defensa contra la reforma energética que el gobierno de Vicente Fox se proponía concretar con sus aliados del PRI, Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo, y para eso, hizo equipo con quien en 1988 había desempeñado el papel de ejecutor de lo que la memoria mexicana etiquetó como la caída del sistema y Manuel Bartlett Díaz. 

Pasó de adversario a aliado ideológico contra el foxismo, que ya contaba con los votos para derribar quizá el último pilar del nacionalismo mexicano: su industria eléctrica y petrolera. Ya había renunciado al PRD porque consideraba que ese partido se había alejado de sus principios.

Para 2006, Cuauhtémoc Cárdenas tuvo que ceder el protagonismo y el derecho que tenía como líder moral y abrió paso para que Andrés Manuel López Obrador contendiera por primera vez por la Presidencia. Desde entonces, Cárdenas fue una figura respetada, pero su tiempo había pasado; el primer líder moral de la izquierda había sido desplazado.

Fuente: Milenio

https://www.milenio.com/politica/el-lider-moral-de-la-izquierda-mexicana-cuauhtemoc-cardenas

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